La escalada de tensiones entre Estados Unidos y Europa por el futuro de Groenlandia fue recibida con abierto regocijo en Moscú, donde medios oficiales y comentaristas cercanos al Kremlin interpretan el conflicto como una señal de fractura en la alianza occidental. Para Rusia, cualquier iniciativa que incremente la tensión entre Estados Unidos y Europa, o que profundice las divisiones dentro de la OTAN, es vista como un resultado altamente favorable. Desde Washington, el argumento se apoya en la creciente militarización del Ártico y en la competencia geopolítica con Moscú y Pekín. En ese contexto, el Kremlin considera que mantener una relación relativamente positiva con la administración Trump puede facilitar ese objetivo. En ese relato, la operación es presentada como un acontecimiento de magnitud casi épica, comparable —según la prensa oficial— con hitos como la abolición de la esclavitud o las grandes expansiones territoriales del siglo XIX. Rosenberg advierte que el mensaje implícito desde Moscú hacia la Casa Blanca es claro: no retroceder.
Rusia acoge con satisfacción la fractura occidental por Groenlandia
En Moscú, la escalada de tensiones entre EE. UU. y Europa por el futuro de Groenlandia fue recibida con regocijo. Medios oficiales y comentaristas alineados con el Kremlin interpretan el conflicto como una fractura en la alianza occidental, un resultado altamente favorable.